Opinión: “La causa saharaui abre una brecha, ancha y profunda, en Europa, el último bastión marroquí”

Fuente: SPS

El derecho del pueblo saharaui a la independencia ha sido re-consagrado una vez más, y a la luz del día, por las conclusiones jurídicas a las que ha llegado el Abogado general de la Corte Suprema de la Unión Europea,  Melchior Wathelet. Cuando afirma, de un lado, que el Sahara occidental no es un territorio marroquí y, de otro, que los países de la Unión Europea no han reconocido nunca la tesis marroquí de una pretendida soberanía sobre nuestro país, el magistrado lanza  dos torpedos en la línea de flotación de la tesis expansionista, tesis ya fragilizada desde sus inicios por  el dictamen del Tribunal internacional de Justicia y herida de muerte en 1984 con la admisión de la RASD en la OUA, hoy Unión Africana.

En realidad, las conclusiones del magistrado Wathelet no constituyen una  novedad en el posicionamiento del Sistema internacional, representado por las Naciones Unidas y en nuestro continente por la Unión Africana, que consideran la aventura colonialista marroquí  como una violación de la legalidad internacional.

La novedad la constituye, sin embargo, el hecho de que  dichos torpedos fueron lanzados desde una base que Marruecos consideraba hasta diciembre de 2015 como algo construido sobre una plataforma segura y terreno fértil para el continuo afloramiento  de una  posición de silencio rayana con una injustificable  complicidad con los desmanes de su socio en el norte de África.

La Unión Europea ha navegado contra sus principios fundadores, dando la espalda a una ocupación bárbara que ha provocado lo que otro magistrado europeo, el juez Ruz de la Audiencia Nacional de Madrid, catalogó de genocidio contra el pueblo saharaui. La Unión Europea había cerrado sus ojos a la continua violación de los derechos humanos en el Sahara occidental y se dejó implicar en el saqueo ilegal de los recursos naturales de nuestro país a través de acuerdos  agrícolas, pesqueros y otros con Marruecos. Un manto de vergüenza yacía sobre el prestigio de la Unión Europea.

La decisión  del Frente Polisario de abrir las puertas de la Unión Europea para librar una batalla jurídica de gran calado e implicaciones para desenmascarar la prolongada luna de miel euro-marroquí dio sus primeros frutos en diciembre de 2015 cuando el Tribunal de Justicia de Luxemburgo decidió poner fin a la validez de los Acuerdos  firmados por la Unión Europea con Marruecos por afectar a recursos naturales saharauis sobre los cuales la potencia ocupante no esta legalmente habilitada  a explotarlos.

De la misma forma que Marruecos ha intentado en vano, y  a lo largo de décadas, modificar la substancia de las resoluciones de la ONU y de la Unión Africana sobre el Sahara occidental, ha intentado esta vez  neutralizar la sentencia del Tribunal de Luxemburgo y desviar el sentido y resultados de la etapa del recurso de apelación introducido por la Comisión y sus dos amigos-Francia y España- hacia  conclusiones que apuntalarían su pretensión de soberanía sobre nuestro país, cuyo pueblo ha dado al mundo y de manera particular a la Unión Europea pruebas  mas que tangibles de la imprescriptibilidad de su combate por la independencia nacional, de su madurez y sentido de la responsabilidad política en la búsqueda de una solución pacifica, justa y duradera al último caso colonial africano en la agenda dela ONU.

El intento ha tenido el efecto contrario. Ha sacado a la superficie lo que Marruecos ha deseado siempre ocultar, que es la ilegalidad de su presencia en el Sahara occidental y el fracaso de todos los esfuerzos, que no son pocos, que ha venido desplegando a nivel mundial para lograr consagrar su ocupación del Sahara occidental.

Al reafirmar de forma  vehemente  que ningún País de la Unión Europea reconoce la pretensión marroquí  de “soberanía” sobre  el Sahara occidental y que el Territorio no forma parte de Marruecos, el abogado general no hace mas que consagrar el principio de legalidad sobre la cuestión de  descolonización del Sahara occidental tantas veces reafirmado por la ONU y por la Unión Africana.

Marruecos  ha cosechado ciertamente un serio revés  político  y diplomático de gran repercusión expresado en términos jurídicos de sólido blindaje  y en un lugar que consideraba como su patio trasero  protegido por  Francia, auto-reducida en este caso al rol de  un “protectorado marroquí”.

El Pueblo saharaui ha librado sobre el terreno una legitima Guerra de liberación en defensa de su derecho  a la existencia contra el ejercito invasor marroquí, obligándole a replegarse  detrás de un muro tan largo cono vergonzoso, erigido como expresión elocuente de la imposibilidad de lograr una victoria militar decisiva. Si se ha querido, en Elgaragart,   poner a prueba al nuevo liderazgo político saharaui, la lectura  que ofrecieron los hechos no debe dejar margen a errores de apreciación.

Al mismo tiempo el pueblo saharaui ha llevado a los cinco continentes su mensaje a través de una batalla diplomática difícil, costosa, y  donde no siempre se avanza en la misa dirección.

No obstante, las pruebas están allí al alcance de todo observador. África expulsó a  Marruecos de la OUA y querer adherirse a la Unión Africana  no es tan fácil ni placentero como la proclama del emperador romano Cesar  de “llegué, vi y vencí”.

Hemos logrado asegurar en las Naciones Unidas la legitimidad de nuestra lucha de liberación nacional y la solidez del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación  e independencia como referencia ineludible en la búsqueda de toda solución al conflicto  que quiera ser justa y duradera.

Hemos logrado desde 1979 que la ONU considere a Marruecos una simple “potencia de ocupación  militar” cuya retirada  de nuestro país ha sido exigida en varias resoluciones de la ONU, como la 3437(1979) y la 3519(1980). Hemos consagrado  la representatividad del Frente Polisario como el único representante legítimo del pueblo saharaui. La causa de nuestro pueblo esta en las agendas de todos los organismos internacionales, en prueba del fracaso de la tesis del “dossier archivado”.

Hoy hemos  abierto una brecha ancha y profunda en Europa, el último bastión marroquí.

II

Ante este cuadro, Marruecos quiere  desviar la atención hacia otros puntos geográficos. Lleva varis años intentado  cosechar algo en el Caribe. Allí, puede que hoy o mañana un país en el Caribe o incluso en África, a través de técnicas sofisticadas de corrupción de corto alcance, firme una comunicado en el que ”desreconoce a la RASD”. Eso no cambia la ecuación de fondo.

Esas técnicas, elaboradas desde un despacho en Nueva York y otro en Australia, han tenido por ahora efecto en algunos países pequeños geográficamente en el Caribe y en el Pacífico,  países que conocen situaciones socio-económicas muy difíciles y merecen la solidaridad honesta de la Comunidad internacional.

Marruecos les ofrece su “comprensión”  de la solidaridad, camuflada en  becas escolares, autobuses escolares, terminación nunca  consumada de proyectos de construcción de pistas de aeropuertos, y de un hotel mal emplazado en una zona infestada de mosquitos, que sigue hoy sucumbiendo a la humedad caribeña, y una contribución de entre 200 mil a un millón de dólares en el presupuesto anual de algunos países del Caribe. No se sabe si la cantidad va al presupuesto o se pierde en los bolsillos de alguien.

La técnica de corrupción se aplicó con reducido éxito en otras partes del mundo, particularmente en África y en Europa, con apoyo  monetario nada oculto de  ciertas monarquías y emiratos del Golfo, sobre todo en Asia. Todo ello se  conoce con detalles más que suficientes. A veces el blanco son funcionarios,  de grado medio, de instancias internacionales, como aquellos que trabajaban en las oficinas de la (ACNUR) y de la ACNUDH. Marruecos sabe que todo esto es inútil. El “apoyo” recibido no es reflejo de una adhesión a la tesis de la anexión del Sahara occidental. Es corrupción y, como tal, el mecanismo es frágil y no tiene garantías de perennidad.  Una vez reconocida la existencia de un país, no se le puede “desreconocer”. Sabe también que los funcionarios “atrapados en la red” pueden ser reemplazados u objeto de investigación.

En todo caso no cambia  lo esencial y de la misma forma que “desreconocen” vuelven a “reafirmar el reconocimiento “a la RASD o a reanudar relaciones diplomáticas con el Estado saharaui. En este sentido, existen ejemplos elocuentes. Unos se van y con ellos la inversión. Otros regresan y con ellos la recuperación de la credibilidad de su país. Marruecos pierde en el intento y los funcionarios a cargo de las técnicas de corrupción engañan a su propio pueblo al presentar el caso como un éxito de la diplomacia marroquí.

Al final, no se trata de ”convencer provisionalmente” a un país del Caribe o del Pacifico. Se trata de convencer al pueblo saharaui, a la Comunidad internacional, a través de un referéndum de autodeterminación libre y justo al que Marruecos se comprometió solemnemente ante el mundo. Esta es la conclusión que se infiere de la posición  expresada por el magistrado Wathelet. Esa es la única vía seria y decisiva para poner fin al conflicto. Lo demás, particularmente las técnicas de corrupción, es nadar contracorriente de la historia. (SPS)

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